viernes, 27 de mayo de 2011

No me gusta no participar

Es curioso que el ser humano sea más dado a reflexionar después de la debacle que antes. A toro pasado, se nos ocurren argumentos, ideas, soluciones, que no somos capaces de emplear desde un punto de vista preventivo. En cualquier caso, la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales, la FELGTB, pidió el voto, desde la campaña ‘Elige en positivo’, para aquellas fuerzas políticas que apostasen por la igualdad LGTB.

Desde la Federación se presentaron 102 propuestas, relacionadas con educación, sanidad, juventud,… a las diferentes fuerzas políticas que competían para ser nuestras representantes en los ámbitos municipales y autonómicos.
El PP no contestó y desde la FELGTB nos recuerdan que aún siguen manteniendo el recurso contra el matrimonio entre personas del mismo sexo. Sí se reunieron con IU, PSOE y UPyD. El partido de Rosa Díez mostró su compromiso con la ley del matrimonio pero no incluyó en su programa electoral ninguna de las propuestas de la Federación. Sin embargo, IU y PSOE, atendieron esas propuestas y las recogieron en sus programas.

Visto el resultado electoral uno se pregunta: ¿al colectivo LGTB le importa un pimiento el partido político que le apoya y el que no? ¿O realmente están hartos de que los políticos jueguen con sus vidas, con sus familias y con sus sentimientos como si fueran una moneda de cambio? ¿O existe un importante sector del colectivo que vota a la derecha? No tengo respuesta para ninguna de esas preguntas. Bueno, para la última sí. Cuando regresaba a casa el domingo, tras dar un paseo nocturno, me crucé con una pareja de lesbianas, abrazadas, que llevaba en la mano una de las banderitas del PP que ondeaban frente a la sede de la calle Génova. Yo las vi bastante orgullosas, lo que me hizo pensar que estaban encantadas con la victoria del Partido Popular. Que cada uno saque sus conclusiones.

En cualquier caso, aunque esto es un análisis de trazo grueso pero a las pruebas me remito, o el colectivo LGTB puede votar al PP y quedarse tan ancho o el colectivo LGTB se abstiene porque ya no cree en nada ni en nadie y piensa que todos son iguales y pasa de la política y de sus políticos.

Las dos son opciones perfectamente libres y contempladas en nuestro sistema electoral. Sin embargo, creo que respeto menos la segunda que la primera.

Porque el gay o la lesbiana que ha votado al PP tendrá sus argumentos, aunque a muchos nos parezcan extraños, pero ha ejercido su derecho al voto y lo ha hecho en conciencia. Sin embargo, la abstención es la opción electoral que menos respeto. No querer participar me parece un ejercicio de insolidaridad. Parece que tenemos que aceptar que el desencanto, la decepción, nos exime de nuestra responsabilidad. El hecho de que estés desencantado no te libera de otras obligaciones como pagar impuestos. Como los políticos son unos sinvergüenzas, ¿puedas declararme insumiso fiscal? Estaría bien, pero todos sabemos que no. Entonces, ¿por qué te sientes orgulloso de no haber cumplido con tu obligación como ciudadano y no haber ido a votar?

Cerca de 12 millones de personas no fueron a votar. Por una cuestión estadística, muchos de ellos serían gays, o lesbianas o bisexuales. Quizá no se han dado cuenta que no votando, en el fondo, están aportando su grano de arena a ese sistema que no les gusta solo que de la manera, con todos mis respetos, más absurda, que es aquella en la que los demás deciden por ti. No ir a votar, al partido que te de la gana, incluso a Ciudadanos en Blanco, no me merece ningún respeto. Es como si vieras al maltratador agrediendo a su víctima y optases por mirar al otro lado porque “total, la justicia es una mierda y al final, entran por una puerta y salen por la otra”. No sé. Reflexionemos sobre ello, a toro pasao. Porque creo que no participar es la manera más cobarde de participar.


PRIMICIA: CON ESTE TEXTO EMPEZARÉ EL WISTERIA LANE (RADIO 5) DE MAÑANA.



Curiosamente, hace varias semanas, escribí un artículo en el que contaba lo decepcionado que estaba con la clase política y que, por primera vez en mi vida, estaba pensando en no ir a votar. Al final, venció el sentido común y mi necesidad de participar. Porque no soporto que decidan por mí. Y menos, cuando tengo la oportunidad de expresarme.



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