Nuestra amiga Encarna se ha vuelto a enamorar. Como siempre ocurre en estos casos, sucedió cuando ella menos lo esperaba; cuando dejó de anhelarlo con unas fuerzas desesperadas, cuando notó que la única manera de encontrar era dejando de buscar; cuando una noche no se arregló para los demás y se vistió para sí misma, con la única intención de tomar una copa con las amigas al salir del trabajo. Encarna clasifica la vida en la medida de lo enamorada que esté; como Karina ordenaba las flechas. “Me he dado unos besos del amor esta mañana”, me contó por teléfono. “Fuímos al cine del amor y luego estuvimos compartiendo una cena del amor”, le contó a Emma. “Con el coche del amor nos iremos a pasar el fin de semana a Alaró”, le contó a Marta. “¿Se ha vuelto boba? ¡Todo lo que dice es del amor! Parece una canción de Maná y por ahí sí que no paso”, comentó Marta, visiblemente horrorizada, ante el asentimiento del resto. “Creo que tenemos demasiados prejuicios con la palabra amor”, apunté. “Y no tiene nada que ver con Gran Hermano 9”, añadí. “Creo que existe un miedo ridículo a pronunciar la palabra, a vivirla, a entregarnos a ella sin condiciones ni horarios. Un miedo social a apostar y perder. Miedos tan antiguos como el propio miedo que genera. Y por eso estamos aquí, burlándonos de Encarna mientras ella está gozando de unos besos del amor”, dije. Todos me miraron con la cara que pondría Karl Lagerfeld ante el armario abierto de Mariah Carey. Su silencio se me antojó tan eterno que volví a tomar la palabra. “Vamos, digo yo...pero tampoco me hagáis mucho caso que hoy he dormido fatal”, me excusé, con una sonrisita. “Será eso”, atajó Marta. Y todos volvieron a conversar como si nada. Solo Josep interrumpió la charla hablando de Cásate conmigo, una peli de Jason Biggs que muy bien podría definirse como un ‘filme del amor’. “Es la evolución natural del amor: acabar en comedia. Eso, en el mejor de los casos”, soltó Marta. No me extraña que su madre diga que así no va a encontrar novio nunca.
lunes, 31 de enero de 2011
La palabra 'amor'
Nuestra amiga Encarna se ha vuelto a enamorar. Como siempre ocurre en estos casos, sucedió cuando ella menos lo esperaba; cuando dejó de anhelarlo con unas fuerzas desesperadas, cuando notó que la única manera de encontrar era dejando de buscar; cuando una noche no se arregló para los demás y se vistió para sí misma, con la única intención de tomar una copa con las amigas al salir del trabajo. Encarna clasifica la vida en la medida de lo enamorada que esté; como Karina ordenaba las flechas. “Me he dado unos besos del amor esta mañana”, me contó por teléfono. “Fuímos al cine del amor y luego estuvimos compartiendo una cena del amor”, le contó a Emma. “Con el coche del amor nos iremos a pasar el fin de semana a Alaró”, le contó a Marta. “¿Se ha vuelto boba? ¡Todo lo que dice es del amor! Parece una canción de Maná y por ahí sí que no paso”, comentó Marta, visiblemente horrorizada, ante el asentimiento del resto. “Creo que tenemos demasiados prejuicios con la palabra amor”, apunté. “Y no tiene nada que ver con Gran Hermano 9”, añadí. “Creo que existe un miedo ridículo a pronunciar la palabra, a vivirla, a entregarnos a ella sin condiciones ni horarios. Un miedo social a apostar y perder. Miedos tan antiguos como el propio miedo que genera. Y por eso estamos aquí, burlándonos de Encarna mientras ella está gozando de unos besos del amor”, dije. Todos me miraron con la cara que pondría Karl Lagerfeld ante el armario abierto de Mariah Carey. Su silencio se me antojó tan eterno que volví a tomar la palabra. “Vamos, digo yo...pero tampoco me hagáis mucho caso que hoy he dormido fatal”, me excusé, con una sonrisita. “Será eso”, atajó Marta. Y todos volvieron a conversar como si nada. Solo Josep interrumpió la charla hablando de Cásate conmigo, una peli de Jason Biggs que muy bien podría definirse como un ‘filme del amor’. “Es la evolución natural del amor: acabar en comedia. Eso, en el mejor de los casos”, soltó Marta. No me extraña que su madre diga que así no va a encontrar novio nunca.
sábado, 29 de enero de 2011
Teoría del orden de nacimiento

Los noruegos han puesto en un brete a mi familia y eso no está bien. Ya habíamos superado aquellas declaraciones de Eva Sannum diciendo que los españoles no la aceptábamos como reina. Ella lo que no sabía es que los españoles, entendidos como masa patriótica, tenemos unas tragaderas que ni Linda Lovelace. Y particularmente, somos un país lleno de hogares que no son más que pequeñas repúblicas independientes -precioso invento publicitario de otros nórdicos- en las que nos importa más o menos poco el asunto de la sangre azul. Me refería a un estudio de la Universidad de Oslo y el Instituto de Salud Ocupacional, publicado en la revista Science, que ha llegado a la conclusión de que el hijo mayor es el más conservador, perfeccionista e inteligente; el mediano tiene más facilidad para desarrollar emociones negativas pero también resulta más sociable; y el pequeño, el eterno mimado, que adopta posturas más revolucionarias, bohemias, que se anima a correr más riesgos pero que también es el más débil de los tres. Mi madre se dio de bruces con la noticia mientras buscaba fotos del hijo de Pé y Bar. Sólo tuvo que levantar la mirada del periódico para ver delante de ella a sus tres hijos, o lo que es lo mismo, a sus tres joyas. “¿Me quieres decir que entonces soy yo la problemática? ¿Es eso lo que quieres decir?”, dijo la de enmedio, en plan Isabel San Sebastián a punto de abandonar la mesa de 59 segundos. “Yo no digo nada”, balbuceó mi madre. “Son los noruegos”. “¿Yo conservador? ¿Yo, que me quedé afónico de gritar ‘No a la guerra’?”, apunté. “Esos noruegos no tienen ni idea de cómo funcionamos los españoles”, añadí. “Bueno, os dejo que a y media entro en Ikea”, dijo la pequeña. “Claro, como tú siempre has sido la preferida de mamá”, disparó la de enmedio contra la pequeña. “Para nada. El preferido de mamá siempre he sido yo”, comenté, en plan perfeccionista e inteligente. Lo curioso es que ninguno de los tres nos dimos cuenta de que mi madre se había marchado al cine hacía media hora.
viernes, 28 de enero de 2011
Una nariz roja por Alex de la Iglesia
Cuando menos lo esperas, estalla la tormenta. Y entonces, empapados y confusos, buscamos un lugar, cualquier lugar, donde ponernos a cubierto. Lo hacemos rápido, de un modo instintivo, huyendo de la sensación de derrota que siempre atraviesa la ropa mojada.
Ángeles González Sinde, la mujer que escribió La buena estrella, un día decidió entrar en política. Supongo que pasar de la escritura silenciosa al fragor de las declaraciones y descalificaciones no es sencillo. Supongo que hay que buscar un incentivo. Supongo que será la necesidad de creer que algo ‘es posible’, que puedes aportar un pequeño grano de arena para hacer de tu país un lugar mejor. Esa es mi teoría romántica e ingenua de la política. De lo contrario, tendría que suponer que sólo les mueve la ambición y eso, que es un giro de guion interesante, se convierte en una hipoteca que el ciudadano nunca termina de pagar.
No al gratis total. Todo tiene un precio: la casa, la ropa, la electricidad, el detergente, la leche, las corbatas, los dvd’s de Mad Men, los discos de La Casa Azul, el cine y, por supuesto, entrar en política. Ya nadie recuerda que González Sinde escribió La buena estrella. Unos pocos la recuerdan, y con ironía, por Mentiras y gordas aunque yo, viendo la tormenta descargar, pienso más en La vida que te espera. De alguna manera, ella ha hipotecado una parte de su trayectoria profesional, de su credibilidad, al amparo del gobierno Zapatero. Ha sido la cabeza visible de otra ley elaborada a espaldas de la sociedad y favoreciendo a un determinado colectivo. ¿Todo para el pueblo pero sin el pueblo? Y digo otra ley porque la eliminación de la publicidad en TVE no fue una demanda social. Más bien fue un ‘apaño’ para favorecer a una parte del negocio audiovisual y dejar al ente sin un duro para poder cubrir 24 horas de programación diaria en dos cadenas y tres canales temáticos.

Supongo, y ya sé que llevo un artículo con mucho suponer, que la ministra que un día fue guionista habrá pensado que la cartera ministerial no dura toda la vida. De hecho, tiene una pequeña fecha de caducidad escrita junto al pespunte. Y ese día tendrá que volver a dedicarse a escribir historias. Y para que podamos ver esas historias en pantalla grande, o pequeña, tiene que llevarse bien con los empresarios de la cultura, con aquellos que le ofrecerán un guión y, espero, se lo paguen como corresponde. NOTA: Acabo de recibir un mail del Sindicato de Guionistas en el que, a través de su junta directiva, se me recomienda que no participe en el concurso de guionistas cómicos El Hormiguero, organizado por ese programa y la productora CinemaVip, por “considerar que las bases son abusivas y no respetan la Ley de Propiedad Intelectual ni la dignidad de los trabajadores”. Y luego la culpa es de las descargas…
A Ángeles González Sinde, la mujer que escribió La ley Sinde, le estalló la tormenta y le pilló sin paraguas. Empezó como un huracán llamado Alex pero a su paso por la última reunión con la Academia de Cine se ha convertido en tormenta tropical. El director Alex de la Iglesia ha encontrado al enemigo en casa. Un sector de la Academia le echa en cara su excesiva implicación en la polémica, su absurdo interés por hablar con los internautas –a los que el productor Gerardo Herrero compara con traficantes de cocaína-, y su enfrentamiento contra la ley creada por el PSOE, pactada con el PP y consensuada con CiU. Los creadores deberíamos manifestar que estamos con Alex de la Iglesia, que le apoyamos, que no está solo. Que si la ministra prefiere aliarse con los empresarios de la cultura y el entretenimiento, nosotros preferimos estar con los nuestros, en el lado de los creadores. Alex de la Iglesia les ha dado una lección a todos acercándose al núcleo de la cuestión, informándose, dialogando –que es alucinante que para algunos temas de política interior se reclame diálogo y para la ley Sinde no exista diálogo posible-, nutriéndose de puntos de vista, enriqueciéndose y comprendiendo que aquí nadie habla de ‘gratis total’. Que lo que hace falta es empezar de cero y elaborar una ley seria, basada en la realidad, en la era Internet, en la revolución que ha supuesto la red en todos los ámbitos, y dejarse de remates y zurcidos porque además, y si no al tiempo, no van a servir de nada.
Para el productor Gerardo Herrero, Alex de la Iglesia “ha perdido la cabeza con el Twitter”. Podríamos debatir la forma si realmente no fuera más importante el fondo. En el fondo, Herrero cree que hablar con los internautas es “como si el Ministerio de Sanidad negociara con los traficantes de cocaína cómo se hace una ley y si la coca debe ser de mejor calidad y se habla del tema con la gente que tiene problemas con ella”. Yo, sin embargo, creo que Alex de la Iglesia puso la primera piedra para crear un nuevo canal de distribución de la cultura y el entretenimiento, un lugar más sostenible, como si el consumidor pudiera ponerse en contacto con el agricultor que cultiva tomates y pudiera comprarle el tomate sin tener que pagar a todos los intermediarios que encarecen el tomate en más de un 500%. Y si alguno no entiende la comparación al menos no me negará que un tomate es mucho más saludable que una raya.
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Los X Men buscan pareja

Josep dice que se identifica más con el Profesor X. “Durante muchos años, las películas X han serenado mi alma y aunque sólo sea como agradecimiento a una labor cumplida, me pido ese papel”, dijo ante la indescriptible mirada de Encarna que parecía haber descubierto los extraños e íntimos lugares en los que puede llegar a ubicarse ese ente abstracto al que llamamos alma. Encarna ha exigido ser Pícara porque es la más joven. Todos nos hemos mirado pero nadie se ha atrevido a decirle que aunque se compre la ropa en Stradivarius seguirá teniendo 49 años. Fue entonces cuando Emma, la secretaria rubia, irrumpió en nuestro interesantísimo tema de conversación y dijo: “Chicos, yo debo marcharme que tengo pleno del ayuntamiento de mi pueblo. Me he preparado una escena de Una rubia muy dudosa que los va a dejar a todos boquiabiertos”. Es que en su pueblo se enteraron que la televisión local de Sa Pobla (Mallorca) grababa los plenos del ayuntamiento y les ha parecido una idea estupenda. Lo que sucede es que en Sa Pobla, y en el pueblo de Emma, habían visto que los políticos municipales sobreactuaban ante las cámaras como si fueran Robert de Niro en un mal día y había que reducirles el tiempo de antena porque de lo contrario te montaban un Estudio 1 en un pis pas. Por eso hemos decidido que Emma sea Mística, por cambiar de registro.
miércoles, 26 de enero de 2011
El 'buga' de tus sueños
Una semana, amigo Miguel. No sé cómo explicarte el agotamiento al que Leonardo, el novio de Marta, ha sometido a este cuerpo mío, que se ha convertido en río, que diría Bebe, durante la última semana. El hecho de que no compartiese su afición por ‘customizar’ coches ha provocado una convivencia entre los dos, tan innecesaria como reincidente, para convencerme de que el tuning es casi casi tan maravilloso como un disco de Andy y Lucas con DVD de regalo. “Tío, el tuning me da la vida. Es como personalizar tu coche”, me decía emocionado. “Pero si es tuyo imbécil, ¿para qué quieres personalizarlo?”, le contestaba. “Aunque claro, mejor el tuning que andar por la calle delinquiendo”, solía añadir. Compréndelo, ha sido una semana muy intensa y ya hemos pillado cierta confianza en el trato. “Yo tengo un colega que ya se ha gastado 10 kilos en ‘atunar’ su ‘buga’. Es un fiera. Su alerón es el mejor de Mallorca, llantas cromadas, lunas tintadas, tubarro de escape, pedales de aluminio, salpicadero blanco rollo animalista, asientos como los del AMC y un equiparro con tweeter y subwoofer. Hasta lleva un equipo de meteorología dentro, con su barómetro, su termómetro y hasta uno que mide la altura a la que estás”, me dijo para que, finalmente, dejase de vivir en la ignorancia y aceptase la evidencia. “Muy funcional eso de un equipo de meteorología. Le será de gran ayuda cuando quiera conocer el tiempo que le queda antes de morir asfixiado el día que los contínuos graves de ese subwoofer del infierno provoquen un cortocircuito que impida que las lunas tintadas bajen. Además, cualquier actividad que conjugue el verbo ‘atunar’ me suena a tuno y por ahí sí que no paso. Por cierto, no todo lo blanco es minimalista”, respondí. Y Leonardo dejó de molestarme. Creo que vuelvo a ser la mala persona que mi psicólogo argentino estaba logrando aislar.