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viernes, 28 de enero de 2011

Los X Men buscan pareja

Mi psicólogo argentino ha iniciado una campaña de desprestigio de la agencia matrimonial a la que nos hemos apuntado sus pacientes. Nos deja mensajes intimidatorios en el contestador asegurando que no estamos curados, que tenemos la autoestima a la altura de un tacón de Camper y que nadie en su sano juicio cargaría con unos personajes como nosotros. Vamos, que nos sentimos como los X-Men; unos mutantes ante una sociedad que les teme y desconfía de ellos. Yo he pedido ser Lobezno y Marta ha sufrido un ataque de risa que me ha resultado pelín ofensivo. “A ti te pega más Magneto, que en la peli es Ian McKellen”, dijo ella, que se ha adjudicado Tormenta no porque se parezca a Halle Berry sino porque dice que tiene la mente nublada y sueña con que a su ex lo fulmina un rayo.
Josep dice que se identifica más con el Profesor X. “Durante muchos años, las películas X han serenado mi alma y aunque sólo sea como agradecimiento a una labor cumplida, me pido ese papel”, dijo ante la indescriptible mirada de Encarna que parecía haber descubierto los extraños e íntimos lugares en los que puede llegar a ubicarse ese ente abstracto al que llamamos alma. Encarna ha exigido ser Pícara porque es la más joven. Todos nos hemos mirado pero nadie se ha atrevido a decirle que aunque se compre la ropa en Stradivarius seguirá teniendo 49 años. Fue entonces cuando Emma, la secretaria rubia, irrumpió en nuestro interesantísimo tema de conversación y dijo: “Chicos, yo debo marcharme que tengo pleno del ayuntamiento de mi pueblo. Me he preparado una escena de Una rubia muy dudosa que los va a dejar a todos boquiabiertos”. Es que en su pueblo se enteraron que la televisión local de Sa Pobla (Mallorca) grababa los plenos del ayuntamiento y les ha parecido una idea estupenda. Lo que sucede es que en Sa Pobla, y en el pueblo de Emma, habían visto que los políticos municipales sobreactuaban ante las cámaras como si fueran Robert de Niro en un mal día y había que reducirles el tiempo de antena porque de lo contrario te montaban un Estudio 1 en un pis pas. Por eso hemos decidido que Emma sea Mística, por cambiar de registro.

martes, 31 de agosto de 2010

Pareja sin anestesia

Me ha vuelto a suceder. Ayer fue uno de esos días en los que la realidad superó de nuevo a la ficción. Estaba tomándome una clara en una terraza cuando ocurrió. Él era un hombre de unos 50 años; muy atractivo y vestido con todos los convencionalismos que le debieron elegir como el chico más popular del instituto. Ella no le andaba lejos en edad. Su pelo rubio, exquisitamente alisado, contrastaba con la delgada línea negra de sus cejas. Su traje de chaqueta era lo suficientemente elegante como para no admitir que le hacía mayor. Él hojeaba un periódico. Ella dibujaba círculos en el café con la cucharilla.

Ella: Voy a operarme.

Él: ¿Otra vez? No ha pasado un año desde la última vez.

Ella: Quiero retocarme el cuello.

(Él levantó la vista del periódico y durante unos segundos miró su cuello. Luego, regresó a la lectura. Ella vació la taza en un vaso con hielos).

Él: Deberías darte cuenta que envejecer no es un castigo, es un privilegio.

Ella: Tienes un morro increíble. Cuando quieras darle un repaso a tus patas de gallo me encargaré de recordártelo.

Él: No es lo mismo.

Ella: Desde luego que no es lo mismo. Somos nosotras las que a partir de los 40 tenemos que luchar contra la gravedad.

Él: Te aseguro que nosotros también.

Ella: Sí, pero no hay Viagra para las tetas, ni para los pómulos y mucho menos para la papada.

Él: Es un gasto extra. Quedamos en que sería una operación al año para cada uno. Con esta llevarías dos.

Ella: Es de extrema necesidad.

Él: (irónico) ¿En serio? ¿Es cuestión de vida o muerte?

Ella: No sentirse deseada también es una manera de morir.

Él: Querida, cada día me sorprendes más.

Ella: Desde que te pones botox nunca sé cuando te sorprendes. ¿Pedirás hora al doctor Román?

Él: Vale, pero tengo derecho a dos operaciones seguidas. Estoy pensando en reafirmarme los glúteos.

Ella: (irónica) ¿El culo? ¿Y eso? ¿Cuestión de vida o muerte?

Él: No. De poder. Como todo.

(Él se concentró en el anuncio del Audi Q7 de la página impar. Ella dió un sorbo al café y empezó a juguetear con la uña entre los cubitos de hielo).