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jueves, 25 de agosto de 2011

Los besos del amor



Nuestra amiga Encarna se ha vuelto a enamorar. Como siempre ocurre en estos casos, sucedió cuando ella menos lo esperaba; cuando dejó de anhelarlo con unas fuerzas desesperadas, cuando notó que la única manera de encontrar era dejando de buscar; cuando una noche no se arregló para los demás y se vistió para sí misma, con la única intención de tomar una copa con las amigas al salir del trabajo. Encarna clasifica la vida en la medida de lo enamorada que esté; como Karina ordenaba las flechas. “Me he dado unos besos del amor esta mañana”, me contó por teléfono. “Fuímos al cine del amor y luego estuvimos compartiendo una cena del amor”, le contó a Emma. “Con el coche del amor nos iremos a pasar el fin de semana a Alaró”, le contó a Marta.

“¿Se ha vuelto boba? ¡Todo lo que dice es del amor! Parece una canción de Maná y por ahí sí que no paso”, comentó Marta, visiblemente horrorizada, ante el asentimiento del resto. “Creo que tenemos demasiados prejuicios con la palabra amor”, apunté. “Y no tiene nada que ver con Gran Hermano 9”, añadí. “Creo que existe un miedo ridículo a pronunciar la palabra, a vivirla, a entregarnos a ella sin condiciones ni horarios. Un miedo social a apostar y perder. Miedos tan antiguos como el propio miedo que genera. Y por eso estamos aquí, burlándonos de Encarna mientras ella está gozando de unos besos del amor”, dije.


Todos me miraron con la cara que pondría Karl Lagerfeld ante el armario abierto de Mariah Carey. Su silencio se me antojó tan eterno que volví a tomar la palabra.

“Vamos, digo yo...pero tampoco me hagáis mucho caso que hoy he dormido fatal”, me excusé, con una sonrisita. “Será eso”, atajó Marta. Y todos volvieron a conversar como si nada. Solo Josep interrumpió la charla hablando de Cásate conmigo, una peli de Jason Biggs que muy bien podría definirse como un ‘filme del amor’. “Es la evolución natural del amor: acabar en comedia. Eso, en el mejor de los casos”, soltó Marta. No me extraña que su madre diga que así no va a encontrar novio nunca.


miércoles, 9 de febrero de 2011

¿Qué serías capaz de hacer por amor?

Hablo con Marta casi a diario. Todas sus historias comienzan con las temperaturas de Palma y yo siempre acabo aludiendo al frío y a la lluvia. En ocasiones, llueve dentro. Menos mal que ella sabe de revestimientos impermeabilizantes -que tuvo un novio albañil en el instituto- y me ayuda a quitar la humedad de mis tardes de domingo. Ella se sienta en un café de Ciutat y yo en otro de la calle Hortaleza de Madrid. Pedimos un café con leche, bien caliente, y, como en el Juntos de Paloma San Basilio, leemos a medias el periódico. Vodafone podría patrocinar nuestra amistad pero a lo más que llega es a descontarnos unos euros de la factura mensual. No tienen ni idea de marketing porque nosotros podríamos ser su mejor campaña publicitaria. Allá ellos. Algo que nos encanta hacer a distancia es contestar a las preguntas bobas de los cuestionarios rápidos de las revistas adolescentes. “¿Duermes vestido o desnudo?”, pregunta ella. “Duermo solo”, me lamento yo. “¿Qué te llevarías a una isla desierta?”, pregunto. “A Colin Farrell, a Russell Crowe y a Matthew Fox, que ya sabe qué hacer en una isla aparentemente desierta”, contesta ella. Hasta que llega la dichosa pregunta: “¿Qué serías capaz de hacer por amor?” Ahí siempre guardamos unos segundos de silencio, como si dejásemos pasar un ángel a través del teléfono, y contestamos algo diferente a la última vez. “Yo...mentir. Pero mentir como un bellaco”, apunté. “Estoy en una etapa de mi vida en la que prefiero pensar qué sería capaz de hacer el amor por mí”, respondió Marta. Tiene razón. El tiempo, y seguramente el clima, nos está convirtiendo en egoístas sentimentales. Dificilmente podemos volver a arrastrarnos por amor, a cambiar de look por amor, a castigarnos por amor, a reprimirnos por amor, a deprimirnos por amor. No vamos a esclavizarnos por amor, ni a corrompernos por amor. Tampoco a traicionarnos por amor, ni a embrutecernos por amor, ni a emborracharnos por amor, ni a enfermar por amor, ni a abandonarnos por amor, ni a arrepentirnos por amor. Ni tan siquiera a cambiar por amor. Ahora es su turno. Que todo lo que antes hice por amor, ahora lo hago por amor propio.

lunes, 31 de enero de 2011

La palabra 'amor'

Nuestra amiga Encarna se ha vuelto a enamorar. Como siempre ocurre en estos casos, sucedió cuando ella menos lo esperaba; cuando dejó de anhelarlo con unas fuerzas desesperadas, cuando notó que la única manera de encontrar era dejando de buscar; cuando una noche no se arregló para los demás y se vistió para sí misma, con la única intención de tomar una copa con las amigas al salir del trabajo. Encarna clasifica la vida en la medida de lo enamorada que esté; como Karina ordenaba las flechas. “Me he dado unos besos del amor esta mañana”, me contó por teléfono. “Fuímos al cine del amor y luego estuvimos compartiendo una cena del amor”, le contó a Emma. “Con el coche del amor nos iremos a pasar el fin de semana a Alaró”, le contó a Marta. “¿Se ha vuelto boba? ¡Todo lo que dice es del amor! Parece una canción de Maná y por ahí sí que no paso”, comentó Marta, visiblemente horrorizada, ante el asentimiento del resto. “Creo que tenemos demasiados prejuicios con la palabra amor”, apunté. “Y no tiene nada que ver con Gran Hermano 9”, añadí. “Creo que existe un miedo ridículo a pronunciar la palabra, a vivirla, a entregarnos a ella sin condiciones ni horarios. Un miedo social a apostar y perder. Miedos tan antiguos como el propio miedo que genera. Y por eso estamos aquí, burlándonos de Encarna mientras ella está gozando de unos besos del amor”, dije. Todos me miraron con la cara que pondría Karl Lagerfeld ante el armario abierto de Mariah Carey. Su silencio se me antojó tan eterno que volví a tomar la palabra. “Vamos, digo yo...pero tampoco me hagáis mucho caso que hoy he dormido fatal”, me excusé, con una sonrisita. “Será eso”, atajó Marta. Y todos volvieron a conversar como si nada. Solo Josep interrumpió la charla hablando de Cásate conmigo, una peli de Jason Biggs que muy bien podría definirse como un ‘filme del amor’. “Es la evolución natural del amor: acabar en comedia. Eso, en el mejor de los casos”, soltó Marta. No me extraña que su madre diga que así no va a encontrar novio nunca.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

De amor ya no se muere

Amigo, el Centro de Orientación Matrimonial está más desorientado con nosotros que Malena Gracia en la Feria del Libro. Si en mi anterior mail te comentaba la cita ‘compatible’ de David, en este caso te adelanto que los esfuerzos del gabinete de profesionales por encontrar pareja estable a Marta ya adquieren una dimensión épica, como la de los hechos que marcan el curso de la Historia y nunca vuelven a repetirse: la conquista de Granada, la llegada del hombre a la Luna o la oposición balear haciendo oposición. Un mito. Marta está tan resentida aún con su ex que no la veo yo receptiva. Ni yo, ni nadie. El chico con el que quedó el lunes le dijo: “¿Puedo invitarte a una copa?” Y ella contestó: “Preferiría que me dieras el dinero”. El muchacho del miércoles optó por lanzarse sin paracaídas. “Estoy seguro de que podría hacerte muy feliz”, aseguró. “¿Por? ¿Ya te vas?”, machacó ella. Eso sí, feliz. Y el tipo del viernes, tras esquivar varios derechazos, buscó una respuesta en las estrellas. “¿De qué signo eres?”, preguntó. “De negación”, dijo Marta. Luego se levantó y se fue. “Creo que estás tirando el dinero”, le comentó Encarna, a la que no le han encontrado compatibilidades. “Dios da pañuelos a quien no tiene mocos”, añadió, con sabiduría popular. “Yo tengo ganas de encontrar el amor”, declaró Emma, que es rubia. “El amor es sólo una palabra con cuatro letras, dos vocales, dos consonantes y dos idiotas”, sentenció Marta. Se quedó un segundo pensativa y apuntó: “Lo encontrarás, Emma, lo encontrarás”. Insistimos tanto en que debería estar más abierta al amor -lo que comentó Emma no lo escribo por si lee esto algún menor- que se molestó. “¿Es que no tengo derecho a renunciar? ¿Por qué lo correcto es decir ‘sí’?”, dijo. Y me vino a la cabeza Francia y Holanda votando la Constitución Europea. “Los hombres me aburren. Son como mi correo electrónico: de cada diez cosas que recibo, ocho son tonterías”. Espero que tú no pienses lo mismo. Un beso.

martes, 20 de abril de 2010

Cartas de amor, cinco duros



Recuerdo que cuando era un adolescente -los mohínes con sorna en este instante puedo tomármelos fatal- e iba al cine en Madrid, en la puerta de los Roxy, en la céntrica calle de Fuencarral, una mujer enjuta, con sombrero de lana en la cabeza y pintada como una reencarnación de La Moños, vendía chistes, poemas y cartas de amor a cinco duros. “Cartas de amor, cinco duros”, repetía, en una atonía interminable. Todo eso me vino a la cabeza, los extraños resortes de la memoria son así, mientras mi amiga Encarna nos leía una historia sobre una carta de amor y pasión que le envió Napoleón a Josefina. “Se la escribió después de una pelea”, añadió Encarna. “Seguro que fue porque a él se le metió en la cabeza meterse en otra guerra napoleónica y así no había manera de concentrarse en el amor ni en nada”. Según el periódico, la discusión fue por el afán del señor Bonaparte por indagar en la fortuna familiar de Josefina. “Es que el dinero mata el amor”, soltó Emma, dejando que el sol rebotase en su melena rubia de 100 euros al mes. “El amor es energía, ni se crea ni se destruye; solo se transforma”, apuntó Encarna. “Ya, y siempre se transforma en una más joven, no te jode. Que ese cuento ya lo he leído”, respondió Marta. El frenesí epistolar de Napoleón, con tachones, como buena pasión, era de la magnitud erótica de un puerro. ‘Te envío tres besos: uno en tu corazón, uno en tu boca y uno en tus ojos’, eso escribió el apasionado estratega. “¿A eso le llaman pasión?”, se burló Marta. “Un día os voy a enseñar una carta que recibí yo de un recepcionista de un hotel en Líbano, que para colmo solo me vió cuando me entregó la llave, y vais a saber lo que es pasión. Lo malo es que no me acuerdo si era guapo o feo...” Pensé que hacía mucho tiempo que no recibía cartas de amor. A decir verdad, como el coronel, no tengo quien me escriba. Mi buzón está lleno de ofertas inmobiliarias, de publicidad de clínicas dentales, de menús de restaurantes chinos, japoneses, indios, pizzerías y de una tal La Caixa, que esa no hay mes que no me escriba. Echo de menos los piropos adolescentes de puño y letra. Me estaré haciendo mayor. Si al menos alguien me enviase un sms de amor a 15 céntimos de euro...

ARTÍCULO PUBLICADO EL 9 DE JUNIO DE 2007.

APROVECHO EL BLOG PARA HACERME UNA RETROSPECTIVA, JEJE