miércoles, 29 de septiembre de 2010

Las series de mi vida. Toma II

Y seguimos con las series que subrayaron con rotulador amarillo fluorescente algunos fragmentos de mi vida:

55.- ESPACIO 1999

Creo que estoy ante la primera serie de culto de mi vida. Imagino que a finales de los 70, hablar de la antesala del año 2000 era hablar de ciencia ficción. Ahora, superada esa barrera psicológica, me cuesta creer que la ficción supere la realidad. Espacio 1999 era británica aunque yo, durante muchos años creí que era de producción norteamericana. No sé porqué…pensaba que una nave espacial era patrimonio norteamericano; cosas de la edad.

En la serie, los residuos nucleares terrestres se almacenaban en la luna. Esos residuos explotan, en un accidente catastrófico el 13 de septiembre de 1999, lo que lanza a la luna fuera de su órbita y la envía, junto con los 311 habitantes de la base lunar Alpha, al espacio exterior. Salían Martin Landau y Barbara Bain, con un peinado estupendo para el espacio y unos pómulos muy Dietrich. No soy capaz de recordar tanto pero algunos expertos aseguran que la serie, en una primera temporada, era más filosófica y en las siguientes, más de acción. Yo creo que seguro que me enganché en la parte de acción porque yo, a esa edad, filosofía tenía poca. ¿Alguien recuerda cómo se llamaba ese personaje que era una mujer, de peinado divino, que se podía convertir en lo que quería con un zoom a los ojos?

54.- LOS HOMBRES DE HARRELSON

Supongo que detrás de mi admiración por la serie se escondía otra pulsión que desvelaría años más tarde. Ante la pantalla, leía “S.W.A.T.” y una voz en off decía en castellano: “Los hombres de Harrelson”. Y yo pensaba que en España se traducía fatal.

Era una serie policíaca, de las de toda la vida, con el único aliciente de que todos los policías estaban buenorros. Buenorros para la época, que era la segunda mitad de los 70. Aunque todas las chicas de mi clase estaban enamoradas del oficial Jim Street (Robert Urich), yo era más de Dominic Luca (Mark Shera). Lo increíble era que esos personajes, tapados hasta las cejas, sin enseñar un pedazo de nalga ni medio torso, despertaban los mismos instintos básicos que los niños de Física y Química, que se pasan en pelotas medio capítulo. Eran otros tiempos.

53.- SANDOKÁN

Con el paso del tiempo tiendo a creer que Sandokán, y en especial su protagonista, Kabir Bedi, despertaron mi lado chaser. Luego, a alguien se le ocurrió decir que Luis Mariñas –el del Telediario- se parecía a él y el instinto se me aletargó.
Veía Sandokán sin haber leído a Salgari pero me daba igual. Y si las mudanzas Urbano no me hubieran perdido la mitad de mis discos, seguro que aún tendría el single de la banda sonora de la serie, de los hermanos De Angelis.

52.- EL SHOW DE CAROL BURNETT

La recuerdo como la primera actriz cómica que con solo verla, me arrancaba una carcajada. Me hipnotizaban sus gestos, sus muecas, sus sonrisa llena de dientes, su físico tan fuera de la norma. Supongo que en los años 60, la fea encontraba su lugar en la comedia. Supongo que en la actualidad, tampoco ha cambiado tanto la cosa. En Estados Unidos, una república federal que sueña con tener familia real, se la conoce como Reina de la Comedia Americana.
El show de Carol Burnett estuvo en pantalla desde 1966 hasta 1977 y por él ganó cinco premios Emmy. En algún lugar aún debo tener la cinta VHS con el especial California Suite y el maravilloso sketch de la madre intentando convencer a su hija para que salga del cuarto de baño y se case. En el programa, Carol imitaba a mujeres que, años después, formarían parte de mi olimpo mitómano: Gloria Swanson, como Norma Desmond; Bette Davis, Joan Crawford o Lana Turner. Y por supuesto, como en todo buen show americano, había estrellas invitadas: Liza Minelli, Cher, Ethel Merman, Rock Hudson, Chita Rivera, Bernadette Peters,…¿quieren más razones? Supongo que en nombre de todos esos años, tan permeables a cualquier acontecimiento, me grabé la versión cinematográfica de Annie, el musical, dirigida por John Huston y con la Burnett transformada en una maravillosa Miss Hanigan.

51.-HOMBRE RICO HOMBRE POBRE

La serie le encantaba a mi madre. Y yo empecé a verla porque mi madre la veía. Los títulos de la serie piden un homenaje ya, con esos dibujos, como de novela del oeste antigua. Si alguien ve esa cabecera ahora y se fija en la categoría de los actores, es posible que hasta grite de emoción. Y confieso que aunque Nick Nolte estaba guapísimo –o simplemente joven- en la serie, a mí empezó a interesarme cuando apareció Falconetti. Un villano como Dios manda, con parche en el ojo incluido. He tenido que buscar en Internet el nombre del actor que lo interpretaba, William Smith, y me doy cuenta que un buen malvado siempre me ha seducido más que un buen héroe. Y eso que aún no sabía de la existencia del lado salvaje de la vida.

martes, 28 de septiembre de 2010

Las aventuras de Enrique y Ana. Cap. 4


Estamos en 1985. Ana hace globoflexia en El Retiro. Enrique insiste.


Aplicaciones

Sé que, tarde o temprano, alguien se volverá loco. Y lo que más me angustia es saber que formo parte de los candidatos. Empiezo a contemplar la posibilidad de que Steve Jobs, como una especie de Godzilla digital, se levantase una mañana y decidiese dominar el mundo. Para eso creó Apple, los MacBook, los iMac, los iPod, el iPhone y ahora el iPad. Y para abocarnos al abismo, los ha dotado de aplicaciones. El desasosiego me invade pero no puedo evitar llenar mi iPhone de ellas. Estoy enganchado al WhatsApp (una manera de enviar sms sin que se refleje en la factura), al AroundMe (una manera de saber dónde está el cajero, el bar o la farmacia más cercana), al Shazam (una manera de reconocer cualquier canción que suene en cualquier lugar), al Free Wi-Fi (una manera de saber dónde hay un red wi fi libre a tu alrededor) y a casi todas las aplicaciones fotográficas. Hipstamatic, Polarize, CameraBag, MoreLomo y así hasta que un día levante la mirada del teléfono y la tenga perdida, ausente, sin retorno. Imagino que en ese momento el señor Jobs, en Cupertino (California), tachará un nombre más de la lista y yo ingresaré en el camino de Jesús, por eso de volver a casa. Será así. Y ahora que sé que el primer ministro británico, Peter Cameron, está enganchado a la aplicación Angry Birds (un juego en el que hay que lanzar pájaros para acabar con unos malvados cerdos verdes) no me cabe la menor duda. Una cuestión de paciencia, como todo.

Mientras ese día llega, y aprovechando la fama de impuntuales que gastamos en España, acudo a fiestas siempre que puedo. En esos lugares suelo coincidir con otros ‘captados’ por el señor Jobs que, ajenos a todo excepto a su iPhone, pasan pantallas con el dedo con una destreza sorprendente. La última vez fue la semana pasada, cuando fui a felicitar por su cumpleaños a la actriz Pepa Charro, que había acudido, con numerosísima delegación mallorquina, al desfile de Lluís Corujo en El Ego de Cibeles, la pasarela que descubre a los diseñadores más prometedores. Allí me encontré con los actores Asier Etxeandía y José Luis Huertas. Los tres, con el teléfono sobre la mesa, comentamos nuestras aplicaciones. Allí también estaban, entre mucha más gente, las actrices Rocío Calvo y Ana Otero, Fernando Estrella y el actor Bart Santana. Hablé con Pepa Charro sobre su reciente aventura en el nuevo Molino barcelonés y todos los invitados me apuntaron lo asombrosa que era la colección presentada por Lluís Corujo, actual mano derecha del diseñador Miquel Adrover y segundo premio en el Art Jove 2006. Prendas únicas, bordados y pasamanerías, componían las piezas de la colección Pentalone que, como declaró su creador, no era “una oportunidad de negocio sino un reto personal”.

Otra fiesta llena de iPhones fue la inauguración en Madrid de la tienda del diseñador de calzado Christian Louboutin, que le ha creado zapatos hasta a la Barbie. Por allí pasaron Pedro Almodóvar, Alaska y Mario Vaquerizo, Rossy de Palma, Bibiana Fernández, Loles León, Marta Fernández Muro,… Y si alguien se preguntaba si un diseñador de calzado puede autografiar sus creaciones, la respuesta es sí; algunos invitados se compraron un par de zapatos –están alrededor de los 800 euros- y el diseñador se los firmó.

Consulto mi aplicación del Facebook para mi teléfono y veo en mi muro un enlace a una entrevista con el diseñador mallorquín Gori de Palma. El creador presentó su colección primavera verano 2011, llamada Rat Scabies, fuera del circuito de Cibeles. Inspiración punk, contracultura, diseños a medio camino entre el buen y el mal gusto…bueno, no está mal. Algunos pensaron lo mismo de Vivienne Westwood en los 70. El entrevistador le pregunta “¿Qué tiene Mallorca que ha dado tan buenos diseñadores de moda (José Miró, Adrover, Cati Serrá, Carmen March, tú)?” Y él contesta: “El aburrimiento”. Y me quedo sin batería.

lunes, 27 de septiembre de 2010

Historia de una tarde cualquiera

Hay temporadas en las que uno se da cuenta que el guionista de su vida está pasando por una mala racha. Todas las secuencias que te toca interpretar están encuadradas e iluminadas como si se rindiese homenaje a un lienzo de Edward Hopper; la banda sonora es triste, abarrotada de boleros desgarrados, fados nostálgicos y algún que otro lamento huído de la voz de Billie Holliday. A veces, incluso, sobra todo y basta con un violín. Sin embargo, el vestuario se fotografía en technicolor, en un contraste de esos que nos hacen pensar que somos apariencia, que la procesión va por dentro y por fuera, la mentira. Como en los melodramas de los años 50.

Estaba yo dándole vueltas a la cabeza, pensando en qué estaría pensando mi guionista, cuando entraron en escena los vecinos de al lado. Las paredes que separan nuestras casas están construídas con papel de fumar y es imposible no poder escuchar sus conversaciones. De hecho, ya me siento parte de sus vidas. Y los oí mantener una de sus múltiples charlas en las que ninguna frase contenía más de cinco palabras. Era como asistir a la adaptación radiofónica de un relato de Raymond Carver. Pensé que su guionista valoraba mucho los silencios e, inmediatamente, me vino a la cabeza El Loco de la Colina. Hay que ver lo absurda que es la mente humana; o lo pobre que es la mía en cuestión de referentes. Y en ese momento llamó a mi puerta Marta. Tenía esa expresión de mujer despechada que llega por sorpresa a casa esperando descubrir la infidelidad de su marido. “¿Qué hacías?”, preguntó inquisidora. “Nada. Estaba pensando en que todos tenemos un guionista que nos va escribiendo la vida, en los vecinos, en Raymond Carver, en los silencios,...” “¡Lo sabía! ¡Lo sabía!”, me interrumpió. “Mira, hay una vieja historia marinera que cuenta que cuando un amigo se está aburriendo, en algún otro lugar del mundo, una Fanta deja de existir para volver en forma de Esperanza Aguirre vestida por Agata Ruiz de la Prada, con unas estrellas en las manos, bailando como una posesa; pierna para arriba, brazos para abajo. Así que no hace falta que te cuente lo que acaba de pasarme en la terraza de mi café favorito, ¿verdad? No creo que me recupere en años. Así que haz el favor de divertirte. Todos los que bebemos Fanta te lo agradeceremos”. Me dejó una peli porno alquilada encima de la mesa y se fue.

Wisteria Lane. Día 3

Esta semana, el corresponsal en Londres de RNE, Iñigo Picabea, visitó Wisteria Lane y nos trajo un reportaje sobre las misas católicas que tienen lugar en el Soho londinense para el colectivo católico LGTB. También hablamos de bisexualidad con Elena Marcos y Jorge Magaz, de Arcópoli, y disfrutamos del segundo capítulo de TRUE BLUE. Y al final, nos dio tiempo de pasar el aspirador y todo



Día 3 (Wisteria Lane)

domingo, 26 de septiembre de 2010

Hijo o hipoteca

A mí Juliana, la maquilladora de la tele, me lo dejó bien clarito mientras maquillaba a un artista neozelandés que había fabricado un inodoro con revistas del corazón. “Ser mujer y entrar a formar parte de la Casa Real es asumir que, a partir del año, vas a empezar a parir hasta que Dios quiera. Es como si tuvieran el instinto reproductivo más acentuado que el resto”, comentó. “Lo que de verdad destaca en ellos es su bolsillo, que con 2.000 euros al mes le aseguro a usted que hay que elegir entre hijo o hipoteca”, apunté. “¿Tienes hijos?”, me preguntó. “No”, respondí. “¿Y casa?”, insistió. “No”, contesté, repitiendo respuesta, aunque, en esa ocasión, con bastante menos ánimo. “Ya”, dijo ella y continuó maquillando al artista neozelandés, que no se estaba enterando de nada. El silencio de Juliana me provocó cierto ataque de pánico, como si el hijo y la hipoteca dieran sentido a la vida y...si yo no tenía nada de eso...¿qué sentido tenía mi vida? “Hazte republicano”, me dijo mi amiga Marta. “A mí me ha funcionado. Eso de echar la culpa de todo al gobierno está pasadísimo. Ahora lo que se lleva es ser republicano, estar en contra de los presupuestos de la Casa Real y gritar a los cuatro vientos que ese dinero estaría mejor empleado si se invirtiera en museos, en cultura, en sanidad, en alcantarillado, en lo que sea. Le echas la culpa de tus frustraciones a Letizia, como si fueras Jaime Peñafiel, y mano de santo. En serio, desde que soy republicana, llevo mejor mis dramas personales porque sé cómo canalizarlos”, añadió. “¿Has vuelto al psicólogo, verdad?”, pregunté. “Sí”, contestó cabizbaja. “Yo también”, comenté en plan solidario. “Es duro porque...no sé, a mí Letizia, aunque empiece a parir sin parar, como si creyera que tiene la obligación de perpetuar la especie, me cae bien”, dijo Marta, confesando su verdadero sentimiento. “En los días que llevo sin verte...¿no habrás tenido un hijo?”, consulté. “No”. “¿Y una hipoteca?”, añadí. “¿Otra?”, respondió ella. Y fue entonces cuando me hice republicano.

viernes, 24 de septiembre de 2010

Las series de mi vida. Toma I

Hacer listas es una manera de ordenar la memoria. El otro día me puse a confeccionar una en la que fui apuntando todas las series de televisión, desde que tengo algo parecido a uso de razón, que más me han impactado, influido, marcado, en mi vida. Y aunque dejé fuera muchas series que he visto pero que, realmente, no han actuado sobre mí de una manera tan tajante, la lista acabó teniendo 60 números. Así que, ya que pasé ese rato, lo voy a colgar en el blog.

La lista no sigue un orden de interés, no va desde la que menos me ha impactado a la que más; sigue un orden cronológico, desde la primera que recuerdo a la última. Las cinco primeras son:

60.- EL CONDE DE MONTECRISTO.

Con Pepe Martín. Creo que es la primera serie que recuerdo, no con muchos detalles pero sí tengo la impresión que aquella adaptación de Dumas, que en aquel momento yo no tenía ni idea de quién era Dumas, despertó en mí una expectación tremenda. Casi de un modo inconsciente, comprendí que la venganza es una trama estupenda para captar el interés del espectador. Fue la primera serie con venganza en mi vida, pero no la única.

59.- PIPPI CALZASLARGAS

Una vez escuché a la profesora Rosa Tabernero, de la Universidad de Zaragoza, explicar que uno de los datos que demuestra qué es España frente al resto de Europa era que mientras en España los niños leían "Marcelino, pan y vino", en Europa se leía "Pippi Calzaslargas". Yo no llegué al libro de Pippi; a mí me asaltó, directamente, la serie de televisión. Y se convirtió en una cita imposible de eliminar de mi rutina. Aquella serie fue todo un cambio en mi manera de entender la niñez, las responsabilidades, los vínculos, el sentido de la dependencia,...la libertad. De todo eso me doy cuenta ahora pero sería absurdo pensar que toda esa teoría no germinaba en mi mente infantil. Pippi era una niña, no un niño, como venía siendo habitual en los protagonistas; ella era fuerte, se defendía muy bien sola y era feliz en esa especie de anarquía en la que vivía; comía dulces cuando le daba la gana y tenía un sentido del compañerismo y de la amistad admirable. Lo que no llegó a transmitirme jamás fue ese amor por convivir con un mono y un caballo. Muy Eloy de la Iglesia. Muy ochentas.

58.- HEIDI

Mentiría si dijese que no me tragué Heidi desde el capítulo 1 hasta que Clara empieza a andar. Es verdad que en aquellos años era más fácil mantener una disciplina de espectador con la televisión y con sus series. No había mucha variedad y tampoco había mucho más que hacer, aparte de salir a jugar a la calle o hacer los deberes. Supongo que por haber mantenido mi interés durante capítulos y capítulos, he metido Heidi en esta lista. Y porque, esa serie japonesa fue la primera que me hizo llorar delante de una pantalla. Lloraba todo el rato. Si se perdía Copito de Nieve, lloraba; si Niebla se comía a Pichí, lloraba; en cuanto aparecía la abuelita ciega de Pedro, yo lloraba; cuando se llevan a Heidi a Frankfurt, a llorar,... Todo lo fuerte que me había hecho Pippi se fue al garete con Heidi, que me despertó el rasgo sensible. Con Heidi descubrimos que había padres que se tenían que separar de sus hijos porque tenían que viajar a otro lugar por motivos de trabajo y que los abuelos podían acabar educando a los hijos, algo que tres décadas después está perfectamente integrado en nuestra sociedad. Y la serie creó un personaje, la señorita Rottenmeier, que nos sirvió durante años para clasificar a todos esos adultos que nos parecían insoportables.

57.- LA CASA DE LA PRADERA

Dos series seguidas buscándote la fibra sensible podrían ser la causa, en un básico análisis freudiano, del hombre que ahora soy. Sentarnos a ver La casa de la pradera era casi un ritual familiar. Era como ver Cuéntame en la actualidad. Las desgracias de la familia Ingalls nos hacían pensar que las nuestras eran 'pecata minuta'.
La resignación y la fe cristiana como herramientas para afrontar todos los obstáculos, serían argumentos suficientes como para que detestase la serie hoy. Pero en aquel momento...imagino que la familia que llora unida,... Pero había dos cosas que me fascinaban en esa serie: una eran los créditos del principio, con Laura, Mary y Carrie, las tres hijas, corriendo ladera abajo. Cada sábado -creo que se emitía los sábados- la pequeña Carrie (interpretada por dos actrices distintas) se daba una hostia tremenda y nosotros en casa, muy básicos, nos descojonábamos. Y dos, Nellie Oleson, la hija mayor de los propietarios de la tienda del pueblo. Ese personaje orgulloso, malvado, siempre pensando en humillar, con esos tirabuzones,...me encantaba. Lo odiaba, pero reconozco que cuando aparecía en el capítulo, el episodio ganaba interés para mí.

56.- BUSQUEN A CHRISTIE LOVE

Muy pocas personas de mi generación se acuerdan de esta serie. En España, la serie se tituló Busquen a Christie Love, pero en inglés era Get Christie Love!, con signo de exclamación.

Recuerdo algunas notas de la sintonía, en una cabecera en la que la actriz, Teresa Graves, corría por las calles de Nueva York con un pelo afro espectacular y unos trajes de chaqueta y pantalón modelo 1974 realmente maravillosos. Ella ganó el premio TP en 1975 a mejor actriz extranjera. Creo que nunca se lo enviaron. Ella tampoco lo reclamó.

Mi hermana y yo jugábamos a correr como ella, pistola en mano, por el pasillo de casa. Aún recordamos una anécdota al respecto.