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jueves, 5 de mayo de 2011

Adopta un Tragic Toy

Un amigo me explicó en una ocasión que España tiene una de las leyes de adopción más avanzadas del mundo. Que aunque una pareja homosexual no pueda adoptar una criatura no significa que esas personas, individualmente, no puedan hacerlo. Aquellas palabras ocuparon mi mente. Y al final, adopté. Abrí mis puertas, y mi corazón, a unas criaturas que están recuperando la ilusión por vivir. Si Dios existe, imagino que ya me he ganado una parcelita en el cielo.

Resulta que un día recibí una carta de unos seres que reclamaban unos padres. No es que no los tuvieran, es que se habían cansado de ellos. Si el amor es como la luz de una llama, ¿por qué no iba a ser lo mismo el sentimiento paterno-filial? Concerté una cita con las criaturas y me contaron que eran hijas naturales de Tim Burton y Helena Bonham Carter pero que ya no aguantaban más el pelo de su padre y la intensidad, algo indie, de su madre. Añadieron, además, que su madre les daba miedo. Yo les expliqué que "Una habitación con vistas" era una de mis películas favoritas y ellos dejaron escapar una lágrima verde. Criaturitas. Me conmovió que a ellos, que son Tragic Toys, les diese más miedo Helena que Tim. Los españoles enseguida nos identificamos con alguien que tema a una Helena, con H o sin ella, así que fui muy receptivo a su dolor. Decidí adoptarlos y desde entonces, viven en casa.

Os los voy a presentar. De izquierda a derecha, La Niña con Demasiados Ojos, Oyster Boy, el niño con clavos en sus ojos, Junk Girl, The Pin Cushion Queen, Brie Boy, Stain Boy, Staring Girl y Robot Boy. MNo salen en la foto, son muy suyos, tienen mucha personalidad, Mummy Boy, Roy (the toxic boy) y Jimmy (the Hideous Penguin boy). Para mí que me han tomado por la Josephine Baker del mundo freak.




domingo, 19 de septiembre de 2010

Muñecos




Seguramente un psicoanalista que haya leído mucho al desfasado de Freud tendría un montón de argumentos que aportar a esto que voy a escribir pero...me encantan los muñecos y muñecas. No es una obsesión y tampoco un cajón de sastre en el que coleccionar desde Mariquitas Pérez hasta operadísimas Bratz. Más bien se trata de una atracción hacia un tipo determinado de muñeco. Me refiero a que en mi dormitorio tengo a los personajes de La melancólica muerte del niño ostra, de Tim Burton. En el salón, me mira con gesto altivo una Blythe a la que aún tengo que customizar. En otro rincón de la casa posan varios Kidrobot (Dunnys y Kozik) y confieso que ando como loco detrás de alguna que otra Barbie, edición especial, homenaje a Elizabeth Taylor, Barbra Streisand, Tipi Hedren, Blondie, Elvis y Priscila,... No sé qué sucede en mis circuitos cerebrales cuando veo una muñeca que me gusta pero, posiblemente, se asemeje mucho al de una niña de 7 años. Hace tiempo eso me hubiese preocupado. Ahora, disfruto con ello. Debe ser una de las ventajas de hacerse mayor. Por cierto, la casa Mattel ha sacado una colección especial Mad Men, la serie, que me ha puesto los ojitos temblorosos, como los de Candy Candy cuando estaba a punto de ponerse a llorar.